Una sucesión de minutos, horas días meces y años que van filmando una película, que podemos sentarnos como ahora y hacer un viaje al pasado, al principio pensé, yo no recuerdo NADA. Pero al ver la ayuda de la profesora, pasaban frente a mis ojos los momentos vividos, emociones a veces alegres otras penosas, pero lo importante es la actitud que podamos tomar frente a la vida en el momento de decidir que puedo hacer con la línea de mi existencia, una línea que parece un camino algunas veces asfaltado con espinas y otras veces con los pétalos de las rosas.
El camino puede tomar la forma de una piola para saltar por arriba con los chicos y con mucho entusiasmo cuando saltábamos sin perder por un largo tiempo, hasta que el cansancio nos ganaba, también podíamos poner la cuerda bien tensa e irla bajando hasta ver hasta donde podíamos pasar por abajo, el desafío era pasarla y había que pensarla mucho, la respuesta era: ¡como gusanos!, pero la ropa quedaba siempre descosida por algún lado además absorbía toda la tierra de la vereda, lo que significaba una fuerte reprimenda. El asunto era hacer equilibrio entre una travesura y otra; esperando que se calmaran los ánimos. Y volvíamos a la carga con la Preciosa, compañera de grandes aventuras, silenciosamente subíamos por la escalera a la terraza, nos trepábamos al parapeto de la pared que hacía de baranda, y mágicamente todo se convertía en un grandioso circo donde preciosa y yo caminábamos por el parapeto, que en ésos momentos era un alambre bien estirado, el extraordinario público del vecindario cuando comenzaba la actuación, corrían en silencio a avisar a mis papás, que al escuchar la noticia de la “función”, les faltaba las piernas para subir las escaleras, y ya arriba mi madre me decía con tono “dulce, conciliador, asustado, sin aire”. . . Albita, bajá despacito mamita, la preciosa puede caer como la vez pasada, te cuerdas? Los cables del tendido eléctrico la bajaron hasta el piso, luego tuvimos que pagar para que los arreglaran, ¡hijita hay que cuidar a preciosa, no te asustes y vení mamita!. . . Siempre pensaba que mi mamá era loquita, cuando lograba agarrarme, la primera mano era suave y cariñosa hasta que podía asirme con fuerza (para que no escapara) y su otra mano caía con toda la fuerza que podía sobre mi almohadón donde terminaba mi espalda, así siempre pensaba de niña ¡qué falsa es mi mamá! . . . Hijita, mamita, donde está su amor?. (Demás está decir que me enojaban los vecinos también, eran CHISMOSOS, pero otra vez había que esperar que las aguas se calmen, todo enojo llega a su fin, mientras tanto, saltaba en la cama de los papás. . . pero cuando escuchaba que venía mi mamá me metía debajo de su cama, la escuchaba decirle a tía Zairita (nuestra mama cómplice) , “esta chinita algo anda haciendo, mira la cama! , un día me di cuenta que había crecido, pues no podía salir de abajo de la cama.
Trepaba en todo lo que podía, a mi hermano mayor César le compraron un caballo, estaba de moda en el pueblo que los jovencitos tuvieran caballo ya que en el ingenio se abrió un club hípico y “había que lucir”, ¡Para qué vi pasar a Fidel en el caballito! , como buena mezquina le dije, ¡“Fidel dame el caballo”!
---Albita, está sin montura y te podes caer
Pero yo era orgullosa, soberbia etc. Cómo me viene a decir ¡a mi!. . . te podes caer. Yo quería quitarle el caballo. Me subo, sin montura, el caballo da dos pasos y caí para el otro lado, los papás habían viajado, la tía Zairita me lleva rápido al médico, resultado dos huesos quebrados del brazo derecho.
---Qué le digo ahora a tu mamá cuando venga, ya estará por llegar! (Pobre Zairita, siempre tratando de sacar las papas del fuego)
¡Llegan mis padres!. . . bueno acá estoy salvada, en el médico no dirá nada mi mamá Sra. Malvada! Y con su tonito cariñoso.
---Hijita cómo pudo pasarte esto?
---Lo que va a pasar, pasa! Fue mi atrevida e irónica respuesta.
Ahora que lo pienso, que paciencia la de mis papás y la de tía Zairita. (menos mal que yo no era mi mamá.
Aunque no lo decía pensaba en el motivo de mi quebradura, ¡treinta días para pensar, y leer! Y descubrí allí la causa de mi “desgracia”: La necedad de una niña mal criada, orgullosa, envidiosa y mezquina para adornarla mejor.
Tenía que usar la experiencia vivida y comencé a acomodarme dentro de los cánones familiares... ¿tendría diez años? El porrazo tuvo el poder de hacer clic en mi cabeza.
Por fin llegó la tranquilidad para mi progenitora, la CHINITA INDOMABLE, día a día se volvía una señorita, apaciguada, pensativa (no sabía entonces que me había analizado rústicamente) y comencé a prestar atención a las personas que me rodeaban, y descubrí algo hermoso en los ojos de mamá,...¡ahora me miran con ternura!
ALBA A.VACAFLOR